DECLARACIÓN DE INTENCIONES
1- BREVE DESCRIPCIÓN DEL CORTOMETRAJE
1.1. “estocolmo”
Segundo cortometraje de Jesús Manuel Fuentes. Un nuevo proyecto que ha sido posible realizar gracias a la ayuda desinteresada de sus amigos, y al esfuerzo y entusiasmo de alguien que cree que el mensaje cinematográfico puede hacer pensar a los que se niegan a hacerlo. Tan sólo mostrando una realidad, sin necesidad de construir una ficción intencionada.
De nuevo, Jesús Manuel Fuentes vuelve a centrarse en un aspecto delicado y conflictivo de la vida. En esta ocasión, centra su objetivo en una cuestión, aparentemente, incomprensible: el amor hacia un maltratador. Pero lo hace sin pretensiones, sólo reflejando una situación cualquiera y resaltando una de sus aristas: el perfil de la víctima.
Técnicamente, el cortometraje es el resultado de una preproducción sonora y una filmación a partir de un texto afinado en el estudio de grabación. Un duro ejercicio coreográfico para los actores que exprimieron toda su capacidad expresiva en alimentar un diálogo lleno de matices, que junto a los efectos sonoros, conforman el 90 % del sentido narrativo del cortometraje.
1.2. SINOPSIS
Mila es una mujer que camina segura. Sostiene su éxito social sobre unos tacones que marcan sus pasos, regresivos, cuando vuelve a casa cada tarde y la devuelven al reverso de su apariencia. Mila es una mujer culta, decidida e independiente. Mila es una mujer enamorada. Una mujer, que podría estar eligiendo esa vida, como podría haber elegido tantas otras. Pero a menudo la libertad no se mide por las posibilidades externas de esa elección si antes no se han roto las verdaderas cadenas: las emocionales.
¿Es realmente libre para hacerlo?
Es una historia de falsas apariencias. Libertades ficticias que parten del más efectivo control.
“Será porque te quiero”.
2 – JUSTIFICACIÓN DEL PROYECTO
2.1. DOCUMENTACIÓN
2.1.1. La violencia de género
"Sorprendente que una persona con alto nivel de formación y capacidad soporte, desprecios, humillaciones... y, en definitiva, malos tratos psicológicos, sin poner remedio a esa situación o, en todo caso, sin acudir a un profesional (psiquiatra, psicólogo) o sin pedir algún tipo de ayuda externa (asociaciones... etc.)". Es el argumento de fundamentación que recoge un auto judicial de un Juez de Valladolid para archivar una denuncia del 2 de marzo de 2006 en la que una profesora V.C. acusaba a su marido, L. D, profesor universitario, de someterla a un continuo maltrato psíquico a lo largo de los 16 años de matrimonio[1]. "Es a raíz de la ruptura conyugal cuando, curiosamente, se formula la denuncia", sigue resolviendo el juez, ante lo que concluye "no se aprecian indicios del delito denunciado ni de ningún otro y de ahí que proceda el sobreseimiento" del proceso judicial.
Este caso, que se suma a una larga ristra de hechos que reflejan cómo la sociedad sigue reduciendo la violencia machista o de género a un determinado perfil de víctima y de verdugo, ilustra la realidad que “estocolmo” pretende reflejar. Más allá de intentar enviar un mensaje moralista, en el que la posición ante un hecho de estas características sobra, Jesús Manuel Fuentes ha intentado acercarse a la heterogeneidad de las víctimas maltratadas que están obligadas a cumplir un perfil para ser creíbles.
Una lacra social
75 mujeres murieron en 2008 a manos de sus parejas o ex parejas, en España, según el Instituto de la Mujer del Ministerio de Igualdad.
Es el dato. La realidad de esas mujeres es otra. La reacción de la sociedad y una corriente de opinión significativa saben que no es políticamente correcto apoyar la visión del juez que sobreseyó el caso que hemos expuesto, pero para algunos es inevitable preguntarse por qué una persona que aparentemente cuenta con unas herramientas, para defenderse de una agresión, soporta este tipo de vejaciones.
La violencia de género no entiende de escalones sociales. Es una forma concreta de violencia doméstica que se caracteriza por su arraigo y tolerancia histórica y social. Actualmente se debate su definición y en algunos casos es llamada violencia machista o terrorismo doméstico. Sin embargo, la expresión más utilizada es violencia de género. En ésta última las agresiones, físicas o psicológicas, se contextualizan en las diferencias y roles representados por el género que se atribuye a cada sexo.
Pero al adentrarnos en esta realidad nos encontramos con unas pautas que van más allá de los estereotipos de mujer débil, sin formación y sin recursos económicos, y de hombre de fútbol, cervezas y actitud grosera. La violencia de género radica en la dependencia emocional y la capacidad por tanto de controlar psicológicamente la relación hasta el punto de conseguir que una agresión, en cualquiera de sus formas, sea recibida como un castigo merecido.
Su herencia antropológica y el amparo social y legal la convierte en un problema más difícil de erradicar.
La mujer por su papel histórico ha asumido intrínsecamente esta posición y posibilita por tanto que sea controlada emocionalmente por su pareja, sin opción a cuestionarse la legitimidad del comportamiento que tiene el hombre, por ser hombre.
La víctima de los malos tratos ha sido estereotipada socialmente. Sin embargo, independientemente de los condicionantes externos de la relación y de la víctima, la situación se mantiene por el control emocional del hombre y el convencimiento de la mujer de ser culpable de las reacciones ofensivas de su pareja.
Lo que conocemos como “síndrome de estocolmo” podría describir el eje de este tipo de relaciones de dominación en tanto que la víctima justifica una determinada actitud que no sería tolerada si la ejerciera otra persona. Digamos, que el maltrato sólo es permitido por parte de quien ejerce un control emocional. La dominación que se ha ido ejerciendo destruye la identidad y por tanto deja indefensa a la mujer que, antes de ser víctima de una agresión física, ha sido desmembrada interiormente, y orientada a aprender y aprehender una sucesión de actitudes que la sumergen en una espiral de violencia justificada. “Antes de pegarme, ya me había quitado todo”, resume muy bien está situación.
Por ello, las posibilidades reales de elección no pasan por analizar una realidad, que es percibida por la mujer de forma tergiversada, sino por romper con el vínculo que ha limitado la capacidad de ser realmente libres y consciente de las circunstancias.
La violencia de género debe por tanto abordarse desde una visión psico-sociológica, ya que el maltratador, al amparo de una sociedad permisiva, y la realidad desvirtuada que condena a la verdadera víctima a su opacidad, han favorecido la permanencia de este tipo de violencia, provocando la muerte de 75 mujeres a lo largo del año 2008.
2.1.2. El síndrome de Estocolmo y el caso Neira
La psicología ha estudiado con especial atención este vínculo emocional que lleva a las víctimas a justificar las acciones de su verdugo. Si la publicidad ha acotado este término a las situaciones de secuestro, a raíz de la reacción que tuvieron cuatro rehenes tras pasar 131 horas atados con dinamita en una cámara acorazada en un banco de Estocolmo (de ahí su nombre), lo cierto es que es un síndrome que se repite en las relaciones familiares. En aquella ocasión, los secuestrados llegaron a pensar que sus secuestradores les estaban protegiendo de la policía. Una de las mujeres mantuvo una relación sentimental con uno de los delincuentes y otra se embarcó en un proyecto de defensa con otro de los criminales. La medicina entiende que este vínculo emocional es una estrategia de supervivencia para víctimas de abuso e intimidación.
Aunque este cortometraje se rodó antes del llamado “caso Neira”, se trata para este proyecto de un hecho paradigmático sobre la realidad que expone. El profesor y comentarista político, Jesús Neira, recibió el pasado 2 de agosto de 2008 una paliza al tratar de defender a una mujer que estaba siendo agredida por un hombre. Días después Neira entró en coma y la mujer agredida, Violeta Santander, apareció en diversos programas de televisión para defender al presunto agresor, Antonio Puerta, y reivindicar que “no es una mujer maltratada”. “A mí nadie me agredió”, ha llegado a declarar sobre lo sucedido el día de los hechos. Ante la perplejidad de la opinión pública, el caso Neira ha sobrepasado la comidilla ciudadana y se ha convertido casi en un debate de Estado.
El Ministerio de Igualdad y la Comunidad de Madrid consideran a Neira un héroe y le han concedido diversos reconocimientos por su implicación en la lucha contra la violencia de género, a la vez que la opinión pública reprende a Violeta Santander por justificar a Antonio Puerta. Aquellos que se consideran conocedores de este tipo de violencia hacen hincapié en que es una reacción típica de la mujer maltratada: proteger a su agresor. Algunos lo llaman miedo, otros creen que percibe una realidad distorsionada, pero lo cierto es que este hecho, que ha adquirido unas dimensiones impensables, en la agenda social y mediática de España, nos sirve para enmarcar este proyecto.
Aún así, debemos matizar que no es nuestro objetivo analizar la complejidad psicológica del síndrome de Estocolmo. Simplemente se ha tomado como excusa y se pretende mostrar cómo muchas mujeres, como Mila, siguen amando a quien les amenaza, humilla y agrede.
2.2. EL CINE PARA JESÚS MANUEL FUENTES
En éste caso, el director confía en que la víctima pueda llegar a sentirse identificada con la situación expuesta y localizar así los motivos que le llevan a consentir la vejación, pero la intención de Jesús Manuel Fuentes es mostrar una parte de la realidad sin manipulación.
No intenta imponer su concepción acotada, sólo pretende transcribir una situación que tiene cabida en la vida real. Aunque reconoce que nadie es dueño de la verdad y en todo proceso creativo, lo subjetivo es prácticamente imposible de discriminar:
“Aunque el tiempo en el cortometraje se asemeja al real, en ficción, hay que dramatizar y seleccionar con cuidado como encajar las elipsis, cuando muestras una historia no puedes contarlo todo al detalle. El espectador se aburriría”.
El sonido toma vital importancia ya que una parte de la historia no es mostrada con imágenes, el espectador tiene que interpretar lo que el sonido sugiere.
“La elección del cuadro marca el punto de vista del autor y la distribución del tiempo, el ritmo y la intensidad, por ello hemos optado por situar la cámara fuera del campo de acción, acercándose únicamente cuando un objeto media entre ambos como si de un separador se tratase, en este caso, la puerta de su vivienda”.
La puerta es el umbral que separa las dos personalidades de la protagonista.
A un lado una persona dominante que ha cumplido sus expectativas profesionales:
jefa de redacción de un periódico, culta, con criterio propio e independencia económica.
Del otro lado se muestra su faceta inversa, una mujer que consiente el maltrato y el dominio de un marido inculto y rudo de quien depende emocionalmente.
A pesar de todo, el extremismo no es absoluto, el marido realmente no es tan despreciable como aparenta, sólo es una persona que se mantiene firme ante sus convicciones, apoyadas en una educación sexista-machista que la sociedad aún tiene como parte inherente de nuestra tradición. Y ella, tampoco resulta una mujercita sumisa ante su presencia: el conflicto surge a partir de una discusión en la que ambos toman parte enroscándose en insultos, Mila incluso se permite atacar con ironía y soberbia, mostrando, por tanto, que es consciente de lo absurdo de los comentarios de su cónyuge, encaminando al final, toda su ira hacia el lugar equivocado
3 – CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO
3.1. Dramatización
Consciente de la necesidad de dramatizar en el lenguaje cinematográfico, podríamos decir que el guión es el maquillaje de unas piezas reales, que han sucedido a personas con nombres y apellido, y que Jesús Manuel Fuentes ha rescatado para este cortometraje. La idea original estuvo clara desde un principio. La redacción del guión, sin embargo, sufrió algunas modificaciones, mínimas para la narración de la historia, pero importantes en cuanto al lenguaje utilizado por los dos protagonistas y por tanto para la credibilidad de la historia. En varias ocasiones se llevó a debate los términos y expresiones utilizados por personajes. Las reacciones estaban claras, eran creíbles, pero las maneras de trasmitirlas verbalmente podrían sonar a tópico, pese a que son expresiones reales. A veces, la realidad no llega a ser creíble y hay que adaptarla al mensaje cinematográfico, donde es importante tener en cuenta los patrones que la historia del cine ha creado para hacer llegar al espectador los mensajes. En este sentido, se perfilaron y debatieron las expresiones hasta determinar de qué manera, sin faltar a la realidad, se podría desarrollar el guión literario.
3.2. Los personajes
Desde el principio se contó con la colaboración del grupo de Teatro Losotroh, donde su director, Salvador Leal conformó el casting y junto a Elena Guadalupe, aportó toda su experiencia. Nos regalaron una paciencia infinita durante este atípico y coreográfico rodaje, más aún proviniendo del teatro donde toda la acción transcurre en orden cronológico y sin cortes.
Mila (Elena Guadalupe): No podemos afirmar si Mila tuvo una educación machista o no, si teme a su marido, si siente que la quiere quien la tiene presa, si siente que se merece lo que le está pasando. Mila sólo sabe que depende de él y está convencida de que no la maltrata. Son simples discusiones y cada uno aporta su opinión y lucha por su posición.
Marido (Salvador Leal): No tiene nombre porque puede ser cualquiera. Es el marido machista que cree en sus principios y no es consecuente con la realidad social actual. No tiene por que ser mala, ni buena persona, simplemente no se adapta ni acepta la realidad. Es egoísta pero no lo sabe aún. Desde su particular perspectiva él es una persona lógica y coherente y todo lo que no sea contemplado por sus ideales está fuera de juicio, tanto que cuando no puede controlar su entorno machista y su ideal de “familia clásica” siente impotencia, frustración… Normalmente toda persona que se siente así reacciona violentamente y un significativo espectro de la sociedad española pertenece a este estereotipo. Muchos de ellos alcanzan el nivel de frustración suficiente para hacer la vida imposible a sus parejas.
Juan (Ósar Ortega): Es una persona algo más joven que el marido y con una educación similar en valores, pero extremadamente prudente y educado. Considera que intentar mediar entre una pareja que discute es una falta de respeto.
María (Maribel Arduán): Es una mujer algo cotilla. La típica vecina que siente como suyo los problemas ajenos, En este caso se desprende de todos los prejuicios machistas y armándose de valor intenta ayudar a “la pobre Mila”, eso sí, implicando a su marido Juan como mediador.
3.3 Técnica de Realización
Sonido pre producido
Situar al espectador desde una distancia prudencial y negarle parcialmente la visión de los hechos aviva la imaginación. Un preciso efecto sonoro o la leve alteración del tono en el diálogo perturban totalmente nuestra percepción de los hechos o incrementa la tensión más aún que si las imágenes nos mostraran lo que realmente sucede. Teniendo esto en cuenta el sonido será el eje central de la narración fílmica. La grabación y pre producción ha sido, por tanto, la parte más costosa.
Durante un día, los actores se encerraron en los estudios de Radio Lanzarote, donde se grabó el sonido de todas las interpretaciones: hablaron, gritaron, lloraron…
Junto al director, que iba marcando las indicaciones pertinentes, Salvador Leal aportaba varios puntos de vista sobre la entonación del texto y Miguel Colmenero, que controlaba la calidad de cada muestra. Colmenero fue el encargado de rescatar todo ese sonido y darle forma hasta conseguir una pista de audio que reflejaba el guión al completo: con todos sus matices, silencios y lo más importante, marcas de audio que describían cada movimiento y el tiempo restante para cada entrada de diálogo. De esta manera, se obtuvo un patrón definitivo que los actores debían seguir al pie de la letra en la grabación frente a cámara y donde no existía espacio para la improvisación.
Esta pista de audio, a modo de CD, fue entregada a los actores un día antes para que lo memorizaran y comenzaran a practicar las coreografías que tenían que representar en imágenes. Fue una especie de play back sonoro y directo de interpretación. Una técnica nueva para todos los actores que se enfrentaron a un reto en su trabajo.
Tras la puerta
El cortometraje se divide en dos bloques claramente definidos: una primera parte donde se muestra el dinamismo que desprende Mila y otra segunda donde llega a alcanzar su sumisión. La puerta que cruza la protagonista es el punto de inflexión entre sus dos facetas
La luz se utiliza como el espejo del estado de ánimo de los personajes, mientras que el audio marca el ritmo de la acción en todo momento:
En el primer bloque, un baño de resplandeciente luz fría nos describe a una mujer independiente y firme en sus decisiones, una cadencia de planos cortos muestra el dinamismo de la protagonista.
En el segundo bloque, una atmósfera más cálida expone lo visceral que los personajes pueden llegar a ser. Los planos largos y movimientos de travelling ralentizan y aceleran el ritmo de los acontecimientos bajo las órdenes de una pista de audio, un grito o un ruido, acompañados de cambios de velocidad de la cámara o del sentido del travelling, agudiza los picos de tensión narrativa.
La puerta, además, impide al espectador adentrarse en ella, ocultándole parte de la acción, haciendo de cada movimiento de cámara sus ojos. Un voyeur que observa desde la distancia, un vecino que observa desde la mirilla de enfrente.
En la butaca… LO ESCRIBE EL ESPECTADOR
[1] Consultar hemerotecas de la prensa nacional y local de la semana del 18 de abril. Indico enlace a la información de agencia que publicó ABC: ‹http://www.abc.es/20070418/nacional-tribunales/elevada-formacion-mujer-incompatible_200704182040.html›
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